Siddhartha

 Siddharta de Hermann Hesse 

Asa En el monasterio de Kopan en Nepal nos encontramos con este libro. El favorito de Vitor. Este libro suponía sería mi regalo de cumpleaños. No se encontró en el momento pero llegó a mi un mes después, también como regalo. 


Aunque inició como broma la frase “Nothing was, nothing will, everything is”. Termino irónicamente siendo de mis partes favoritas del libro. Vitor soltó esta frase durante nuestra conversación en el Taj Mahal, y como significó en su vida leerla, entenderla. 


No se si es la nobleza de querer compartir su libro más preciado conmigo, o el esfuerzo de buscarlo en varias librerías o la coincidencia de Nepal, pero este libro ahora guarda un lugar especial. 


Lo leí en el vuelo en el que ahora escribo esta reseña. Un libro fácil y digerible, pero a la vez profundo. El cierre perfecto a nuestra aventura por el hinduismo y budismo. Al momento, no termino de entender las diferencias entre ambas. Pero con una mayor claridad, que el viaje me ha dado, el camino de iluminación de Siddhartha, al menos sus años de juventud, se me ha hecho la manera más sencilla de entender estas religiones. 


Me gusta la idea del río como flujo y unidad, como om y como el todo. Como el amor, pese a ser una cadena al samsara, también como una forma de encuentra el camino y la liberación. El perseguir su propio camino, con todas las implicaciones que traiga. Y el como experimentar algo nos sabe realmente saber algo. 


Me gusta como descentraliza la idea de la iluminación, y nos presenta una idea interesante de cómo llegar a ella, desde diferentes caminos y perdiéndonos en el mismo. Me gusta que el conocimiento viene de lugares inesperados, pero también de lo evidente, de lo real. Aunque lo que más me gusta es la idea central sobre lo humano, sobre los deseos y el dolor, y como con ello viene la identidad. Agradezco ahora entender que no es un proceso lineal. 


Yo misma no entiendo en qué parte de mi proceso estoy, pero me entusiasma saber que seguiré aprendiendo. Y así cueste una vida, o años de una, siempre se puede volver a aprender. Será aquí en México, en Nepal o en Suiza. 

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