Quiero estar despierto cuando muera

 Quiero estar despierto cuando muera de Atef Abu Saif 


El genocidio en Gaza es una tragedia, la indiferencia y violencia han escalado tanto que ni los más gráficos detalles nos iluminan sobre la realidad de este pueblo. Atef, logra dos cosas magistrales, la primera es sobrevivir, la segunda es trasladarnos a su realidad de mano de su muy calificada pluma. 

Antes de comenzar mi lectura hice una revisión a reseñas de otros lectores, el consenso general fue una tristesa colectiva profunda. Aquello me hizo iniciar el diario con una preconcepción para mi experiencia de lectura, pero sucedio algo distinto; me conmovio más la masacre del princpio, y conforme avanzaba mi mente se acoplaba a la violencia. Los primeros bombardeos me hicieron llorar, me cuestionaba; "si esto es el principio, ¿cuanta tragedia más vendra?". Para cuando Atef y su hijo logran cruzar y ponerse "a salvo" me sentía desesperanzada, drenada. 

Esta evolución tiene una explicación desde la ciencia política; la normalización de la violencia. Arendt, es probablemente la más influyente en el tema. Los civiles, en este caso los militares y sionistas, participan en el exterminio, que es deliberadamente lento, del pueblo palestino. Atef, nos muestra su día a día, donde cosas tan sencillas como comprar pan o gasolina se vuelven lentamente lujos. Tener un funeral digno, o con todas las partes de tu cuerpo, también lo es. Palestina es un hervidero de experimentos brutales del régimen ilegitimo de Israel. Este pueblo, conocido y admirado por su resistencia, coloca en partes distintas de su cuerpo sus nombres, por si una bomba los destruye. Este pueblo que junta manos para buscar entre los escombros, comparten sus panes así sean limitados. Este pueblo continua sembrado, a sabiendas de resultar elegidos como objetivos se dañará el cultivo, la tierra perderá su fertilidad y la seguridad alimetaria será un sueño útopico. 

Palestina, Atef, buscan en estos esfuerzos narrar su historia, su dolor, en un esfuerzo de hacer que valga el dolor. Y no con esto planeo justificar esta violencia, sino como en Méxido diriamos; son patadas de ahogado. ¿Cómo haces la tarea sin saber si volverás a la escuela? ¿Cómo te alientas en la habruna si un mísil te puede alcanzar al dormir? ¿Cómo reconstruyes una vida perdida?. 

El final del genocidio no se ve cercano, la violencia parece seguir innovando y la indiferecia internacional no quiere terminar pronto. Atef y sus cercanos siguen vivos, siguen buscando seguir vivos, pero muchos ya no. Mientras escribo esto hay gente muriendo, sufriendo y viviendo sus últimos momentos sin saberlo. Y yo me niego a ser indiferente. Tras terminar el libro pienso a diario en los árboles en Palestina, en los padres que recogen los trozos de sus hijos y en todos libros que siguen escribienose. 

Dios, como ellos menciona y me añado en creerlo, parece haberlos abandonado. La comunidad internacional debe no hacerlo también, exigirle a sus gobiernos acciones humanitarias y de sanción. Que "el nunca más" se haga verdad. Y sobretodo, seguir leyendoles. 




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